miércoles, 22 de febrero de 2017

No pactarán sobre educación mediática, pero podemos soñar un poco (2)


Imagen CC0 Dominio Público en Pixabay

Soñemos...

Partiendo del panorama expuesto en la entrada anterior, nos merecemos soñar un poco, pero sin perder los pies del suelo. A eso dedico esta entrada.



¿CÓMO CONSEGUIR TRABAJAR EN TODOS LOS CENTROS LA EDUCACIÓN MEDIÁTICA?

La educación mediática como tema transversal

Nadie duda que la educación mediática, lo mismo que la educación para la paz o la educación ciudadana, son temas transversales a los que todos los profesores están llamados a integrar en sus programaciones.

Y como tal, con diferentes nombre y diferente nivel de incidencia, está recogida en nuestras últimas leyes educativas, incluida la LOMCE. El resultado es lo que ya sabemos.

Y es que no es lo mismo sugerir que proponer, y menos que reglamentar. Las generalidades, a las que tanto gusto le cogen los políticos al aprobar leyes, solo son operativas cuando bajan a la arena preceptiva.



La educación mediática como materia con currículo y especialista propio

Mi propuesta está bien clara: haciendo sitio en el currículo oficial a una materia con ese nombre u otros similares, que abarque con mayor o menor amplitud las nuevas alfabetizaciones. A mí personalmente me gusta la propuesta de la UNESCO de Alfabetización Mediática e Informacional (AMI), y la complementaría con la de Comunicación Audiovisual, que debería volver al currículo como materia optativa de 1º de Bachillerato. La educación mediática tendría carácter obligatorio y se impartiría en varios cursos de ESO (si no en todos)


¿Cómo sería el proceso?


Comencemos por recordar lo que pasó hace ya más de dos décadas con dos materias que irrumpieron de un curso para otro en el currículo de la educación secundaria: Tecnología y Economía. Al principio no se contaba en los centros con profesores formados específicamente, pero Departamentos y profesores particulares asumieron impartirla impulsados por motivos varios: más horas para el Departamento, concursos de traslados, y, por supuesto, los entusiastas voluntaristas que venían peleando por la introducción de aquellos contenidos en el currículo.

No hablemos de la calidad, coherencia o metodología de las primeras programaciones de aula, porque aquello era para todos desbrozar un camino nuevo.

Pero fue cuestión de unos pocos años: las sucesivas oposiciones han ido nutriendo estos departamentos de profesores capaces y muy bien formados. Y hoy se considera lógico y normal que estas materias tengan su sitio en el currículo, lo mismo que ocurre con con la entonces nueva presencia de la figura del Orientador.


¿Podría pasar lo mismo con la educación mediática?

Pues claro que sí, ¿quién lo duda?. Si se contemplara en la ley, su implantación seguiría el mismo camino que esas materias, y a la vuelta de cuatro o cinco años se habría normalizado y nos preguntaríamos todos, profesores, padres y alumnos, lo mismo que con la Economía y la Tecnología: ¿Cómo es posible que antes no se trabajaran estos contenidos?

En esa corta transición habría Departamentos y profesores interesados, por supuesto. Los Departamentos de Lengua serían (deberían ser) los primeros. Además, no les vendría nada mal que entrara en muchos de ellos un poco de aire fresco y removiera el polvo de querencias numantinas. Pero también serían parte interesada otros Departamentos como el de Geografía e Historia, el de Plástica y Visual o, por qué no, el de Tecnología.

Y no faltaría, por supuesto, esa minoría entusiasta de profesores que vienen haciendo voluntariosos esfuerzos para introducir estos contenidos en sus asignaturas. Ahora serían muchísimos más los decididos a dar el paso adelante sin tener que ponerse las medallas del voluntarismo. Y en paralelo, por parte de los centros de profesores y otras entidades formativas, proliferarían los programas de formación y los profesores interesados en ellos.

Muy bonito, ¿verdad?. Y todo sin gravitar. Sería una propuesta realista, que, sin levantar aspavientos recorrería el camino ya conocido con las materias mencionadas.

Esa sería su mayor ventaja, la que mejor se adaptaría a las culturas escolares dominantes.


SOÑEMOS UN POCO MÁS ALLÁ
Una posibilidad de mayor proyección educativa.


Imagen CC0 Dominio Público en Pixabay


Pero dejadme seguir soñando un poco, porque hay otra posibilidad más creativa y de mayor proyección educativa: la creación de la figura de un bibliotecario especialista en EMI (Educación Mediática e Informacional) que diera cuerpo y presencia a la manoseada transversalidad curricular, tan consustancial a la animación a la lectura, y a la alfabetización mediática e informacional.

Para visualizar esta propuesta pensemos en un profesor/departamento que repartiera su horario de trabajo de la siguiente forma:
  • Una parte a la impartición de la educación mediática y el tratamiento de la información (EMI) como una materia más.  Los alumnos de determinados cursos cuentan con ella en sus horarios, y trabajan contenidos específicos.
  • Otra parte dedicada al apoyo a los profesores y sus alumnos en proyectos que puedan poner en marcha, y que impliquen búsquedas de información, tratamiento y producción, así como publicación y difusión. 
  • Otra parte dedicada a la gestión, animación y el fomento de la lectura en distintos soportes en la Biblioteca, que sería más que nada Mediateca. 
Imagen propia

Las enormes ventajas de un bibliotecario especialista en medios

Sigamos soñando, por favor, pero sin levitar.
Si todavía no hemos perdido la capacidad de levantar la mirada y contemplar un horizonte de renovación profunda de la escuela para hacerla más acorde a los que nos demanda la sociedad de este siglo, esta figura del bibliotecario especialista en medios con las funciones señaladas, podría:
  • Romper muchos muros de un currículo excesivamente asignaturizado y compartimentado, fomentando una transversalidad real.
  • Abrir cauces al trabajo cotidiano en equipo de los profesores, especialmente necesario el momento de poner en marcha determinados proyectos. El especialista en medios sería un buen mediador (admítaseme el guiño) para reunir profesores.
  • Fomentaría en trabajo con las TIC de forma creativa y empoderadora por parte del profesorado, que, contando con ayuda y apoyo, perdería buena parte de los miedos y recelos a las novedades.
  • Fomentaría el trabajo por proyectos y otros procesos de innovación al reducir la carga de trabajo y estrés de los profesores.
  • Propiciaría las clases invertidas (flipped classroom), pero sin tener que sacarlas fuera de los centros.
  • Daría la importancia que se merece a la Biblioteca como centro de recursos y dinamización cultural del centro, acabando con el agotador voluntarismo de muchos profesores, que dejan allí esfuerzos no reconocidos, ni lectiva, ni profesionalmente.
  • Propiciaría procesos para terminar con la estructura fabril de espacios y horarios en los centros.
En suma: esta figura del bibliotecario especialista en medios sería un potente ariete para conducir la disrupción educativa, que sí o sí se va a producir antes o después, hacia una educación excelente en la formación de ciudadanos empoderados, despiertos e implicados en su tiempo.

¿A que suena bien?



Demasiado bonito como para creérnoslo. 





No hay horizontes para los que viven en un panorama de presente continuo, con gobernantes incapaces de mirar más allá de los 4 años de una legislatura, y un ambiente cultural indiferente a la barbarie de reducir el peso de materias fundamentales como Filosofía, PlásticaMúsica, y con sus profesores  teniéndose que justificar.  


Por lo visto, necesitamos más culpabilizados emprendedores de sí mismos, que ciudadanos emponderados que busquen la vida buena y la participación democrática. 

 Pero bueno, no podemos dejar que pesimismo de la lucidez apague el empuje optimista de la voluntad. Siempre tendremos grietas por donde meter la palanca. 



PRÓXIMA ENTRADA: EL PANORAMA INTERNACIONAL



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Para ampliar la perspectiva necesitamos un poco de aire del exterior. ¿Qué hacen, qué están haciendo con la educación mediática en otros países, y más concretamente los europeos, con este tema?

 Es posible que el mal de muchos nos consuele un poco. Como si fuéramos tontos. 


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